Las primeras semanas de Boris

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Boris Johnson UK | Leeds (Reino Unido) | Ago 2016


Este artículo fue originalmente publicado en el periódico Extra Internacional el 2 de Agosto del 2016. Lea el original aquí (pág. 24).


Boris Johnson acaba de llegar al Ministerio de Asuntos Exteriores británico y, como cabía de esperar, está siendo sistemáticamente escrutinado por los medios de comunicación. No sin falta de razón, durante sus años en política no ha parado de protagonizar entradillas en los periódicos con sus más bizarras hazañas o cuestionables decisiones políticas. Los ciudadanos de Londres todavía recordarán su decisión de no suspender sus vacaciones durante las protestas en la capital en 2011. El resto del país, por ejemplo, tampoco logrará olvidar fácilmente citas suyas tan poco oportunas como cuando comparó la economía del Reino Unido con el Costa Concordia; crucero que se hundió ante la costa italiana en 2012 provocando la muerte de 32 de sus ocupantes.

Todos estos momentos “cumbre” de su carrera política hicieron que los británicos, y el mundo entero, guardaran con recelo la decisión de la Primera Ministra, Theresa May, de encargarle la cartera de Asuntos Exteriores. Johnson no ha defraudado. En sus primeros días como ministro ya ha hecho saltar las voces de alarma. Y todo, prácticamente, sin haber tomado ninguna decisión todavía. Está claro que Johnson siempre ha tenido problemas para pensar antes de abrir la boca, y lo volvió a demostrar al hacer un desafortunado comentario prematuro durante el tiroteo en Múnich que se produjo el pasado 22 de Julio. Antes de contar con todos los datos, el ministro responsabilizó del atentado a terroristas islámicos cuando, más tarde, se desmontaría totalmente esta conexión al saber más sobre el adolescente autor de los hechos.

Lo que más preocupado tiene a todos y, quizá en lo que más ha insistido la prensa, es en la semejanza entre Johnson y Donal Trump en cuestiones como la inmigración. La forma en la que Boris Johnson habla de la desconexión con Europa, que finalmente se producirá tras la victoria del Brexit el pasado Junio, recuerda sobremanera a la política de aislamiento, conocida como “America First”, que el líder republicano querría implantar en los EEUU de ganar las elecciones presidenciales a finales de este año. El ministro ha negado toda semejanza, pero las intenciones parecen decir lo contrario.

Boris Johnson clama que, en referencia a Europa, el Reino Unido puede llegar a conseguir grandes acuerdos que le permita la entrada al mercado único, al tiempo que controla la inmigración al país. Por ejemplo, las últimas informaciones hablan de que se estaría negociando una cláusula que permitiese al país británico una exención de hasta siete años para limitar o suspender el acuerdo de libertad de movimiento con la UE. Johnson ha enfatizado que es hora de “crear puentes”, y que “el Reino Unido siempre seguirá siendo parte de Europa”. Declaraciones que contrastan abruptamente con su agresiva campaña en favor del Brexit.

En sus primeros días al frente de la cartera de exteriores tuvo que lidiar con el intento de golpe de estado en Turquía, y visitó Bruselas, Washington y Nueva York, estrechando la mano de otros análogos. A diferencia de los otros nuevos rostros del gabinete del gobierno de Theresa May, la prensa se apresura a cubrir las empresas de Boris Johnson, que en pocas semanas ha conseguido causar poco más que desasosiego entre ciudadanos, compañeros de filas y demás políticos. Sólo el tiempo nos dirá hasta donde el histrionismo de Johnson es capaz de llegar.

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